Ya llevamos más de dos días (y sus dos noches…) en casa con Hugo y ahora es cuando nos estamos haciendo a la idea de todo lo que supone el nuevo día a día con nuestro niño. Es cierto todo eso de que un niño da mucho trabajo, pero nuestra casa ahora es diferente; hay una nueva personilla detrás de casi cada cosa que hacemos, alguien que ahora mismo depende de ti pero que a cambio te regala sonrisas preciosas, más bonitas de lo que nunca habíamos imaginado que podrían llegar a ser, aderezadas con miradas que nos recuerdan las emociones que sentimos al mirar su primera foto.

El final del viaje de adopción a Vietnam tuvo lugar en Barajas, tras un vuelo largo para los peques, que por otra parte se portaron de maravilla. La Thai nos ha encantado, muy buen servicio y bastante buena amplitud entre asientos para haber ido en clase turista. En Barajas nos estaba esperando la familia, pancarta incluida (con el texto que encabeza este post), igual que hicieron por parte de la otra familia; Pablo, Nuria, un abrazo, formais parte de nuestros recuerdos en este viaje y nunca os olvidaremos; y qué decir de Iván Le, un besazo para esa máquina de devorar biberones y hacer pompitas con los labios, seguro que tus padres van a conseguir que seas tan feliz como tú les has hecho a ellos.

Es cierto que recomiendan por los peques que no haya demasiada gente en Barajas para que no se agobien y tal, pero es difícil pedirles eso porque la salida del vuelo con el peque es un momento muy especial que no olvidaremos nunca ninguno de los que allí estuvimos. Y Hugo se portó de maravilla, está hecho un campeón y su simpatía sorprendió a todo el mundo.

Ya en casa, su cunita le esperaba con los primeros regalos dentro. Esa misma cuna que Almu y yo habíamos dejado montada pero vacía poco antes de partir, pero que ahora iba a estar rellena de algo que latía al mismo ritmo que lo hacía nuestro corazón.

Es increible lo que se siente al notar su calor y su respiración sobre tu pecho, o esas miradas comprometedoras, o que se duerma en tu hombro agarrándote con esas manitas, o… Yo que sé, cada momento es único e irrepetible. No vale que te lo cuenten.

Estas dos primeras noches han sido bastante moviditas. El cambio de hora no le ha sentado demasiado bien a Hugo y a las 3 de la mañana ya está tan contento y dispuesto a jugar, porque en Vietnam son las 9 y él no tiene reloj. Le estamos intentando acostumbrar al cambio, espero que lo haga enseguida por nuestro bien… Además, ya tiene dos dientecitos de abajo y los de arriba le están saliendo también; creemos que eso es lo que le hace coger unas rabietas espectaculares por las noches. Roguemos a San Dalsy para que nos ayude.

El primer visionado de videos con los cuatro yayos y familia de Bilbao nos ha permitido recordar esos momentos entrañables que hemos vivido hace tan poco, pero que ya forman parte de nuestra historia y de la de Hugo Anh. Es curioso pensar que dentro de unos años él los verá y entenderá lo que significaron esos días para los tres.

Aparte, han venido ya algunos amigos a casa a conocer a Hugo. Y mi hermano Fernando, Mireia y las niñas vendrán de Barcelona el puente de Diciembre, tenemos muchas ganas de que también se conozcan, ya no queda nada.

Ya hemos hecho los primeros papeleos del peque en Guadalajara: registro, etc. Ahora nos queda comenzar con el pediatra y seguir incorporando a nuestra rutina diaria todo lo que se deriva de tener un hijo. Nuestra vida ha cambiado, seguro que no sabemos muy bien todavía hasta qué punto, pero eso es lo bonito y queremos ir descubriéndolo junto a Hugo día a día, dándole nuestro amor y acompañándole siempre en lo que será el futuro de los tres.

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